Chevrolet Cobalt

Este sedán compacto se caracteriza por su habitabilidad, ideal para una familia tipo. El tamaño del baúl, de 563 dm3, supera al de otros tricuerpos mucho más grandes.

Uno de los interrogantes que tuvimos cuando conocimos el Cobalt fue ¿qué lugar ocupa dentro de la gama de sedanes de Chevrolet? (que no es poca). En cuanto a tamaño, se ubica entre el Aveo y el Cruze; en cuanto a precio, está apenas por encima del Aveo (arranca en $ 88.280, aunque próximamente la marca dejará de comercializar la versión más equipada -LT-, tanto manual como automática, y ofrecerá sólo la LS) y bastante por debajo del Sonic (parte desde los $ 119.480 ), que está mejor equipado. Más allá de esto, el Cobalt tiene una característica que no se compara con ningún sedán de la marca ni con ningún otro: la capacidad del baúl de 563 litros ; superior al de cualquier tricuerpo mediano y grande . Sólo es superado por el Volkswagen Passat (sí, Passat), con 565 litros.

El Cobalt es un vehículo confortable, que ofrece una excelente relación precio-producto. La gama naftera (también hay diesel) arranca en los $ 89.000 y llega a los $ 102.500 (correspondientes a la versión full con caja automática de 6 velocidades). En esta oportunidad, nos subimos a la variante full (LTZ), con caja manual de 5 velocidades, que cuesta $ 96.500 . Lleva el conocido motor 1.8 (8 válvulas) de 105 caballos ; el mismo que equipa, por ejemplo, al Spin (y que tenía el Meriva). Le queda bien, es sereno, con marchas bien largas que permiten que no sea “vueltero”, y tiene un buen desempeño. La contra es que consume mucho. En ciudad, sin abusar del acelerador (pero con el aire encendido), promedia unos 11,2 litros cada 100 kilómetros, mientras que en ruta necesita 8,1 litros para recorrer 100 kilómetros. En este punto, opinamos que le calzaría justo el propulsor que lleva el Aveo (1.6 litro, 16 válvulas, y 103 CV), de una generación más moderna.

El confort de marcha es satisfactorio. El andar suave no sólo se respalda por la combinación motor-caja, sino por unas suspensiones mullidas; acertadas para ciudades con calles adoquines, cunetas pronunciadas y excesivos lomos de burro.

Lo importante es que ese confort se percibe en el habitáculo; la insonorización es muy buena y la calidad de los materiales utilizados no levantan sospechas de futuros ruidos a plásticos flojos.

El confort se potencia con el espacio interior, realmente grande para una carrocería de 4,47 metros de largo (tiene unos centímetros menos que casi todos los sedanes medianos), que permite que una familia tipo, de dos o tres hijos, viaje sin inconvenientes. A la vez, el baúl, del cual hablamos anteriormente, es elogiable. En cuanto al equipamiento, hay algunos faltantes que vale destacar: no tiene apertura interna de baúl, necesitando sí o sí de la llave (que tiene apertura de baúl a distancia, pero no permite hacerlo cuando el auto está en marcha). Otro detalle es que las teclas levantavidrios no se iluminan ni tampoco son one touch; y la tapa del baúl no tiene revestimiento alguno, quedando la chapa al descubierto.

Ojo, esto no quiere decir que no esté bien equipado . En seguridad podemos destacar los airbags frontales, frenos ABS, faros antiniebla y cierre automático cuando se superan los 20 km/h; mientras que en confort sobresalen los sensores traseros de estacionamiento, llantas de aleación y Bluetooth, entre otros.

En síntesis, por lo que ofrece y lo que cuesta, el Cobalt asoma como una interesante propuesta para los que buscan espacio y confort.

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